|
|
| |
| |
|
|
| |
| |
El deseo por lo ajeno es algo que ha existido siempre y en todo el planeta, y aunque no debería existir, algunos humanos no pueden frenar ese impulso y hacen de ello su medio de vida. Sólo somos 3 víctimas más, de las millones que hay y habrá habido a lo largo de toda la historia, pero ese día fatídico, el 23-F, y en ese lugar, la playa de la Tejita de Tenerife, nos tocó a mis amigas y a mí. En cosa de media hora, un suspiro en el tiempo, reventaron el coche y nos desplumaron. Mis amigas, residentes en Tenerife, se lo tomaron con más positivismo, con risas nerviosas, y con un "¿qué se le va a hacer? Ya no podemos hacer nada". A mí, que acababa de pasar por el cajero, que llevaba, entre otras muchas cosas, 2 móviles con esa agenda que se nos hace indispensable y fotos del último día de vida de mi abuela, que cargaba con toda la documentación imprescindible para volver a Barcelona, y con una medicación esencial para el equilibrio de mi salud, no me hizo ni P... gracia. Y aún arrastro esa crisis de ansiedad, aunque ya llevo 2 días en casa. Lo que peor me sabe es que, por información de la propia guardia civil, es algo que en esas playas (el médano y la tejita) pasa a menudo, (mirando posteriormente los alrededores pudimos ver la cantidad de cristales en el suelo de coches reventados en otras ocasiones), y hay un solo coche patrulla para echar un ojo a un montón de kilómetros de aparcamiento para los bañistas. Se sabe que es algo usual y no hay presupuesto para aumentar la vigilancia. Sí lo hay para acabar con ese paraje natural y arrasarlo a base de nuevas construcciones, pero no para reforzar al "cuerpo de seguridad" que debería velar por la "seguridad del ciudadano". Con eso, los políticos, ya deberían tener otra propuesta electoral.
|
|
|